En el diminuto pueblo gallego de As Neves, ubicado en la provincia de Pontevedra, se lleva a cabo una fascinante y única tradición: cada 29 de julio, durante la romería de Santa Marta de Ribarteme, se exhiben ataúdes con personas vivas en su interior. Este antiguo ritual, conocido popularmente como la «romería de los cadaleitos» o «romería de los ataúdes», ha sido testigo de una asombrosa mezcla de fe, gratitud y la proximidad de la muerte, representada por los «ofrecidos», personas que han superado situaciones extremas y que desean mostrar su agradecimiento a Santa Marta por su intervención.
La procesión, que tiene su origen en tiempos medievales y consta de una tradición documentada desde al menos el año 1700, atrae a miles de peregrinos cada año, tanto locales como extranjeros. Durante la festividad, los «ofrecidos» son transportados en féretros por las calles del pueblo, simbolizando un acto de gratitud hacia la santa, considerada la intercesora por excelencia en momentos de vida o muerte.
La experiencia personal de los «ofrecidos»
Uno de los testimonios más impactantes proviene de Jorge Cotiño, un vecino de As Neves, quien vivió la cercanía de la muerte a causa de un grave deterioro en su salud debido al abuso del alcohol. «Tenía el hígado reventado y pesaba solo 32 kilos», recuerda Jorge. «Cuando vas en el ataúd, lo primero que piensas es que podrías realmente estar muerto, que yo en tres meses podría haber estado allí». Fue entonces cuando hizo una promesa a Santa Marta: si sobrevivía, participaría en la procesión.
Afortunadamente, Jorge logró recuperarse y, como prometió, participó en la romería. Desde entonces, se ha convertido en una figura clave en la organización de la festividad. El mismo Jorge describe la experiencia de ser «ofrecido» como algo indescriptible. “Es una sensación irreal, muy difícil de explicar”, asegura.
El ritual se basa en la tradición bíblica de Santa Marta, quien, según la religión cristiana, resucitó a su hermano Lázaro de entre los muertos con la intervención de Jesucristo. En As Neves, la devoción hacia Santa Marta se ha consolidado como una práctica profundamente arraigada, especialmente entre aquellos que han estado al borde de la muerte o han tenido seres queridos en esa situación.
La romería: una mezcla de lo religioso y lo pagano
La procesión de Santa Marta de Ribarteme representa no solo una ceremonia religiosa, sino también una celebración comunitaria que integra elementos sagrados con un ambiente festivo. Aunque el principal día es el 29 de julio, los festejos se inician algunos días previos, incluyendo actividades como encuentros de fútbol y barbacoas, referidas como «churrascadas». En estas, los presentes son invitados a saborear el tradicional «polbo á feira», un plato de pulpo acompañado de patatas y pimentón, que simboliza la gastronomía gallega.
El regidor de As Neves, José Manuel Alfonso, señala que este evento no solo convoca a los residentes locales, sino también a visitantes y curiosos de diferentes partes de Galicia e incluso de fuera del país. «Es una celebración con un sentimiento muy profundo, es nuestra santa, nuestra procesión, algo que hemos visto desde pequeños», afirma Alfonso.
La jornada del 29 de julio comienza con una misa en la parroquia de San José de Ribarteme, donde se encuentra la imagen de Santa Marta. La iglesia se llena de peregrinos que esperan ver los ataúdes en los que los «ofrecidos» participarán. Estos ataúdes, que son propiedad de la iglesia y se guardan en la Casa de la Santa, se utilizan en la procesión, y los participantes deben «alquilar» un ataúd a cambio de un donativo a la iglesia.
La marcha: un ritual de devoción y entrega
La ceremonia en honor a Santa Marta se lleva a cabo con mucha solemnidad y devoción. Los féretros son transportados al hombro por familiares, amigos o conocidos del «ofrecido». La figura de Santa Marta lidera la procesión, llevada por costaleros, y detrás, los féretros son escoltados por una gran cantidad de fieles que acompañan a la santa. Los «romeros cantores», compuestos por grupos de tres cantantes, interpretan oraciones a la santa solicitando su ayuda divina.
La tradición musical de los «romeros cantores» es uno de los componentes más antiguos y característicos de la romería, con cantos que datan de siglos atrás y que se interpretan en estilo «alalá», un tipo de música tradicional gallega. Estos cantos son considerados un auténtico repertorio juglaresco y acompañan a la santa y los «ofrecidos» en todo el recorrido.
La marcha, que podría extenderse hasta un par de horas, se lleva a cabo a un ritmo pausado, lo que supone un notable esfuerzo físico para quienes cargan los féretros, especialmente ante las altas temperaturas de julio. Algunos devotos eligen realizar la peregrinación de rodillas, demostrando así un sacrificio y dedicación extraordinaria hacia la santa.
La veneración a Santa Marta y el efecto de la celebración
La romería de Santa Marta de Ribarteme no es solo un acto de devoción, sino también una relevante expresión cultural que ha cruzado las fronteras de As Neves. Aunque es una festividad inusual, se ha transformado en una de las peregrinaciones más significativas de Galicia, festejada con un profundo sentimiento de unidad en la comunidad.
La costumbre perdura, y anualmente, más individuos participan en este rito que tiene un profundo significado cultural para los habitantes de As Neves. Esta celebración sirve como un recordatorio de las creencias locales, de la firmeza de la fe y de la esperanza, incluso cuando la muerte parece próxima.
Sin lugar a dudas, la peregrinación de Santa Marta de Ribarteme continúa como un símbolo de la historia, la fe y las costumbres de una comunidad gallega que ha logrado unir lo religioso con lo popular, ganando renombre a través de generaciones y más allá de sus confines.